martes, 6 de abril de 2010

El Tratado de Lisboa (Xornal de Galicia)


Con el Tratado de Lisboa, se marca la conclusión de un ciclo de veinte años de historia de Europa. Un período que empezó con las Revoluciones democráticas en Europa Central y del Este y con la caída del Muro de Berlín.

Un período durante el cual la Unión Europea se amplió –incluyendo, a día de hoy, a 27 Estados– y preparó la reforma de sus instituciones de cara a, como dice el Artículo 1 del Tratado, preparar una nueva etapa para una Unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa.

El Tratado de Lisboa constituye así el símbolo de una Europa reunificada, libre y democrática.

El Tratado de Lisboa confirma el método comunitario como el verdadero motor de la integración europea. De acuerdo con el Artículo 17 del Tratado, y cito, “la Comisión promueve el interés general de la Unión [...], [La Comisión] vela por la aplicación de los Tratados, así como de las medidas adoptadas por las instituciones [...] [La comisión] controla la aplicación del derecho de la Unión [...]. Con excepción de la Política Exterior y de Seguridad Común y de los restantes casos previstos en los Tratados, [la Comisión] asegura la representación exterior de la Unión. [...] Los actos legislativos de la Unión solo pueden ser adoptados a propuesta de la Comisión, salvo diposiciones en contrario de los Tratados”. Y “la Comisión ejerce sus responsabilidades con total independencia”.

Cito expresamente estas normas del Tratado porque son esenciales para el buen funcionamiento de la Unión. Solo con la independencia de la Comisión, su derecho de iniciativa, sus competencias en materia de promoción del interés general, en la aplicación de los Tratados y del derecho comunitario, y su competencia en la representación exterior de la Unión, los ciudadanos europeos verán realizados los objetivos que pretende alcanzar el Tratado de Lisboa.

Las expectativas que todos depositamos en esta nueva fase de la construcción europea exigen un mayor sentido de la responsabilidad hacia el respeto por las competencias de cada institución y una colaboración más leal para la realización del bien común europeo.

Con el Tratado de Lisboa, el futuro europeo será también más democrático, con un refuerzo de las competencias del Parlamento Europeo y del papel de los parlamentos nacionales en cuestiones europeas. Reafirmo mi empeño en la democracia representativa que, de acuerdo con el Artículo 10, constituye la base del funcionamiento de la Unión Europea.

Los Tratados son importantes pero por si solos no son suficientes. Nada sustituye el liderazgo, la determinación y la voluntad política. En un mundo cada vez más interdependiente, es más que nunca indispensable una cultura europea de decisión, una voluntad política europea. De ahí la necesidad de una verdadera cooperación entre los Estados miembros y las instituciones europeas. La Comisión hará todo lo necesario para el refuerzo de la Unión:

–Promoviendo con visión estratégica el interés general.

–Adoptando iniciativas legislativas y políticas que fortalezcan el proyecto europeo.

–Contribuyendo a la afirmación de la UE en el mundo y defendiendo con vigor nuestros intereses y valores.

Así avanzaremos en la promoción de la paz, la libertad, la seguridad y la justicia, no solo en Europa sino también entre los pueblos de todo el mundo.



>> Artículo firmado por Jose Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea, para la Newsletter del Eixo Atlántico ‘Construyendo Europa desde el Eixo Atlántico’.

3 comentarios:

Eduardo Amado Brea dijo...

Jorge, no creo que sea necesaria una voluntad política, como dice el Sr. Barroso, si no que lo necesario es conocer la voluntad ciudadana y respetarla. Porque demasiadas veces ha actuado la UE forzando voluntades políticas y no teniendo en cuenta la voluntad ciudadana. Y si tal voluntad no existe (o no existe una "cultura europea" que también dice necesaria) ya se encargan de crearla.

La UE es el epítome del macroestado, del Leviatán que en pos de unos supuestos intereses de la ciudadanía, hace y desace al margen de ésta. Y toda esta actividad hecha de espaldas a la gente, pues la UE también destaca por ser carente de cualquier control: cualquier persona dice "es que no hacen nada" y ese es el error, que parece que no hacen nada pero no paran de hacer cosas, eso si, siempre a nuestras espaldas.

El artículo me resulta el clásico discurso oficialista de aquellos que se ganan el sueldo a costa de los ciudadanos haciendo una "unión" de espaldas a los ciudadanos.

Un saludo.

Rubén Miranda G. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jorge Cubela dijo...

Buenas camaradas.

Eduardo y Rubén, no entré a valorar el artículo, tan sólo hice un corta y pega para que los lectores que no leen mucho en prensa sobre Europa pudieran hacerlo.

Fuera de este oficilismo impuesto por los caminantes de los parlamentos, concuerdo con vosotros.
Menos Estado, menos control y más libertad.

Perdonad que no contestase antes pero "funme de viaxe".

Apertas