martes, 5 de febrero de 2008

Golpe a la «legislatura del empleo», por Fernando Ónega



Antonio Machado dejó escrito: «Un golpe de ataúd en la tierra es algo perfectamente serio». El paro quizá no sea todavía un ataúd para el Gobierno, pero los datos de enero se parecen a ese golpe: son algo perfectamente serio.

Cualquier observador podía detectar que el desempleo estaba aflorando; pero había que ser muy pesimista -un catastrofista, un ciudadano poco patriota, que diría Zapatero- para adivinar que cada día de ese mes 4.400 españoles se estaban quedando sin empleo, hasta completar la cifra espeluznante de 132.378 parados.

Hace falta mirar muy atrás, casi un cuarto de siglo atrás, para encontrar cifras tan desalentadoras. La mala noticia tiene efectos económicos generales, psicológicos y políticos.

Efectos económicos, porque confirma que la situación es muy delicada. Hasta ahora nos habíamos movido en conceptos inquietantes, pero algo etéreos, como el endeudamiento familiar. Habíamos usado frases que sonaban a lugares comunes, como la dificultad para llegar a fin de mes. Pero ahora se comprueba que los problemas han llegado a determinadas empresas, que no pueden mantener su nivel de colocación, y a miles de familias, que pasan a depender del seguro de desempleo. Para 132.378 personas, esto es la crisis; la crisis sin paliativos. La palabra «desaceleración» es un eufemismo grotesco.

Efectos psicológicos, porque estas cifras aumentan la desconfianza popular que vienen detectando las encuestas. Un mal dato como este desalienta incluso a quienes nos reconfortábamos en la comparación con otros países europeos. Y lo peor es el origen del paro: no está en la construcción, que tenemos descontada como sector que vuelve a la escasez después de una expansión especulativa. Está en los servicios, sostén económico del país. El único factor que amortiguaría el golpe sería que esos servicios se redujeran a las agencias de compra-venta inmobiliaria, que son las primeras «paganas» del sector. Si es cierto, como se ha publicado, que han cerrado 40.000 oficinas, sería normal que aportasen más de cien mil parados.

Y efectos políticos, por la fecha en que se produce el desastre: a 35 días de las urnas. Las consecuencias van a ser sometidas al cristal de aumento de la oposición, lo cual hace inviable cualquier intento de análisis sereno. No es posible investigar objetivamente dónde está el origen del mal, sino que se cargará en el debe del Gobierno. Miren ustedes por dónde, el mensaje gubernamental -«la legislatura del empleo»- es destruido por una sola estadística. Los tres millones de empleos creados en cuatro años no sirven de nada ante un mes aciago. Es como si la economía quisiera votar contra el Gobierno. Y por cierto: con más eficacia que un documento episcopal.
P.D: "la economía lleva un año haciendo aguas..."

2 comentarios:

Anónimo dijo...

un tipo bastante mediocre el señorito este.. pretende una lucidez que le falta y nos descojona cada vez que sale en un debate de tv

Maquiavelo dijo...

A mí me gusta, es bastante objetivo y en las mañanas de Carlos Herrera hace unas introducciones para los debate políticos cojonudas.