jueves, 22 de mayo de 2008

Touriño confunde as institucións co seu partido


Touriño confunde as institucións co seu partido político.

Nas imaxes da súa última viaxe a Arxentina púidose ver que nos carteis que se lle entregaban ás persoas que acudían aos actos organizados, figuraban fotos tanto do presidente da Xunta coma de Rodríguez Zapatero, xunto co anagrama do Partido Socialista.

Mesturar un día institucional como o Día das Letras Galegas cunha foto de Rodríguez Zapatero, de Touriño e do PSOE é unha utilización tendenciosa dos medios institucionais da Xunta.


Aproveitamento das arcas públicas para facer campaña, como se lle chama a iso?

7 comentarios:

AlejandroAlmau dijo...

Te he enviado un mail con mi e-mail.

Hala, con Dios!

Gabitorren dijo...

Asi va el País...

Esperemos que D. Alberto pronto cambie todo.

Y que en lugar de disputas y preocupaciones por comisiones, por empresas semi ocultas que crean unos y otros nos dediquemos al pueblo y a las personas.

Miguel Pazos dijo...

Uy, no sé yo si Alberto lo cambiará, ya veremos si sale.

Un saludo

Andrés dijo...

Está claro, el principio de la gobernación personalista de los movimientos sociales autoritarios.

Un saludo.

breogain dijo...

personalmente paréceme moi mal mesturar o propio partido coa institución da Xunta, pero non deixa de ser tamén o que facian os anteriores governantes autonómicos cando ian á Arxentina, ou non?

Que resolvan o problema do voto emigrante dunha puñeteira vez, que iso si que é unha vergoña total e absoluta e unha tomadura de pelo.

Anónimo dijo...

pois si, o de sangil é unha movida..

Anónimo dijo...

Al diputado Barrio la dirección del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados le quiere abrir un expediente disciplinario. Al diputado Barrio no se le ocurrió otra cosa que votar en contra de la disciplina de voto de su partido en el ‘caso Taguas’, ya saben, aquel secretario de Estado que se pasó al ‘enemigo’. Al diputado Barrio nadie lo defiende en su partido, ni siquiera él mismo lo hace, tal vez por que teme represalias mayores. Dice a quien quiera oírle que los dedos se le hicieron huéspedes en el momento de la votación, y que por error apretó una tecla en lugar de otra, lo cual suena a simple exclusa para esquivar el peligro. Al diputado Barrió nadie lo secundó en su partido el día de la votación, pese a que por lo bajinis algunos de sus compañeros de escaño no ahorran críticas al hecho de que un alto funcionario pase a dirigir el principal lobby de la construcción de un día para otro. El diputado Barrio, que es uno de los líderes de Izquierda Socialista y miembro del Comité Federal del PSOE, tiene un problema. Si no se aviene a razones en las próximas votaciones, es altamente probable que deje de ser parlamentario.

No conozco de nada al diputado Barrio. Y eso que voto desde hace años en la circunscripción de Madrid, por donde su señoría es diputado. Su caso pone de manifiesto hasta que punto los oligarcas de los partidos manejan los hilos de la política. Disponiendo de vidas y haciendas como si de un cortijo se tratara, al margen de cualquier sensibilidad democrática, lo cual es coherente con la existencia de listas cerradas a cal y canto. Desde luego, el caso del diputado Barrio no es el único. Los diputados piensan una cosa y votan otra, aunque no sólo dentro de las filas socialistas, sino que el esquema se repite de forma general en todas las formaciones, donde la palabra ‘disciplina’ se grava a sangre y fuego.

Habrá quien piense, y no le faltará razón, que el diputado Barrio sabía que cuando fue ‘fichado’ por el PSOE para formar parte de sus listas electorales estaba obligado a hacer lo que dijeran sus jefes de filas. Pero también el diputado Barrio sabía que la Constitución dice que los partidos políticos deben funcionar de forma democrática y que es inconstitucional el llamado voto imperativo. Es decir, que el diputado es libre para votar lo que quiera sin que el sentido de su decisión pueda acarrear sanción alguna.

En el pulso entre el diputado Barrio y el grupo socialista ya se sabe quien va ganar, el aparato del partido, que tiene la sartén por el mango mientras no cambie el sistema electoral.

La libertad, de nuevo, sucumbe, ante una absurda disciplina impropia de un país que se dice democrático. Lo cual explica que gentes como María San Gil o Rosa Díez hayan salido escopetadas de sus partidos, los únicos con probabilidades reales de gobernar.

Mal va una nación que se dice democrática cuando los diputados son simples correas de transmisión a la hora de pulsar una techa u otra. Y mal va cuando un debate pre congresual se convierte en una asamblea de facultad ante la falta de pericia de sus dirigentes, incapaces de articular un debate riguroso por su absoluto desconocimiento de lo que es la libertad. Y eso que todos se dicen liberales. ¿Conoce usted a alguien en España que no lo sea?